La espiral del conocimiento

Una de las ideas recurrentes dentro del modelo de la Sociedad de la Información es la siguiente: como miembros de sociedades complejas, nuestro bienestar depende potencialmente de nuestra capacidad de transformar la información en conocimiento. Pero, ¿cómo se convierte la información en conocimiento? En este post, voy a comentar un interesante modelo, propuesto por el psicólogo Juan Ignacio Pozo Municio, en su obra Adquisición de conocimiento (2006).

Los organismos presentan una serie de pautas de comportamientos comunes y recurrentes ante determinado tipo de estímulos: la información es interpretada y filtrada de maneras altamente selectivas y características. Desde la psicología evolucionista, estas pautas se interpretan como el reflejo de la herencia evolutiva de estos organismos: serían el reflejo de programas, instintos, fijados en su línea evolutiva, como respuesta a la presión adaptativa de los ambientes en que se han desarrollado.

Tales programas o instintos reciben el nombre de representaciones implícitas. Son “implícitas” porque, en principio, no son accesibles a la consciencia; y son “representaciones” porque están “en el lugar de otra cosa”, esto es: reflejan las regularidades que presentan los nichos ambientales de los organismos (para una excelente introducción al tema de la representación mental, puede verse la obra de Tim Crane La mente mecánica).

Las representaciones implícitas tienen tres rasgos que reflejan su origen evolutivo:

  • Son encarnadas, en el sentido de que forman parte de la biología del organismo.
  • Son específicas de dominio, ya que dan respuesta a un determinado tipo de problemas ecológicos.
  • Son situadas, porque su expresión depende de las contingencias que se presenten en el ambiente.

He comentado que, en principio, estas representaciones no son accesibles a la consciencia, siendo este hecho el que les confiere su estado de “implícitas”. Si bien éste es el caso para la gran mayoría de organismos, el ser humano se caracteriza por la capacidad de hacer explícitas las representaciones implícitas (por adoptar “actitudes proposicionales”), convirtiéndolas así en objeto mismo de representación. Esta capacidad sería el resultado de la aparición, relativamente tardía en nuestra línea evolutiva, de áreas del cerebro relacionadas con el pensamiento conceptual (por ejemplo, el córtex prefrontal). Dos procesos son necesarios para esta explicitación de representaciones:

  • La supresión o inhibición de las demandas ambientales, ante las cuales las representaciones implícitas son activadas.
  • La suspensión de algunos componentes de las representaciones implícitas, una vez que estas han sido activadas como respuesta al ambiente.

La capacidad de explicitar las representaciones implícitas, producto de nuestra herencia biológica, nos abre la puerta a la capacidad de explicitar otras representaciones implícitas que esta vez lo son por ser producto no ya de la herencia biológica, sino de procesos de aprendizaje previos.

La explicitación de las representaciones implícitas permite la adquisición de conocimiento, al permitirnos redescribir las representaciones implícitas. Dicho en otras palabras: la explicitación nos permite examinar de una manera consciente los mecanismos implícitos de que estamos dotados, o que hemos adquirido gracias al aprendizaje, examen que proporciona a las representaciones mentales más flexibilidad e independencia con respecto al ambiente.

Pero para que esta explicitación se lleve a cabo, no sólo son necesarios procesos cognitivos individuales: también están implicados sistemas culturales de representación. Y es que la especie humana se desarrolla dentro de un proceso de acumulación cultural, denominado por el psicólogo Michael Tomasello “efecto trinquete”: los conocimientos de una generación se apoyan en los de la generación pasada, produciendo un efecto multiplicador. Por tanto, resulta fundamental para el individuo el control de estos sistemas culturales de representación  para la adquisición y creación de nuevos conocimientos. En palabras de Pozo:

[…] la adquisición del conocimiento culturalmente acumulado requerirá el dominio de nuevos sistemas explícitos de representación, sobre los que se constituye en buena parte esa cultura y que de hecho formatean la cultura, y con ella, la propia mente. La interiorización de esos nuevos sistemas de representación explícita (o conocimiento) hará posible así una reestructuración de la propia mente, mediante la adquisión no sólo de nuevos conocimientos sino también de nuevos porcesos cognitivos que generarán nuevas formas de representar el mundo; y, con ellas, nuevos mundos mentales desde los que reconstruir la propia mente a la vez que se reconstruye la cultura. (p. 38)

Este progresivo proceso de explicitación de representaciones, potenciado por el efecto trinquete, permite a los individuos participar en actividades epistémicas, esto es, en aqctividades que promueven la adquisición de conocimiento y el estudio de las condiciones que permiten esa adquisición.

Pozo denomina a este modelo la “hélice del conocimiento”. Quizás una denominación más acertada hubiera sido la “espiral” del conocimiento. Pero, independientemente de la denominación exacta, la idea de Pozo es clara:

[El proceso de adquisición de conocimiento] no es lineal, ni unidireccional, sino que tiene una naturaleza recursiva, de modo que si las representaciones implícitas recorren un largo camino de explicitación y reconstrucción hasta producir esos sistemas culturales de conocimiento, la adquisición de conocimiento permite a su vez la “implicitación”, por así decirlo, de algunas de esas representaciones explícitamente generadas e incluso adquiridas, que se convertirán por tanto en nuevos modelos o principios desde los que se generarían representaciones implícitas para la predicción y control de nuevos sucesos. [El esquema], más que la espiral del conocimiento debería representar un sistema helicoidal, en el que cada nuevo giro no supone el regreso a la casilla cero para volver a empezar la partida, sino la construcción de un nuevo nivel que integre y reconstruya las representaciones anteriores, de modos que nos son aún en gran medida desconocidos, en lugar de eliminarlas o sustituirlas por las nuevas (p. 199)

Aparte de su valor teórico, los modelos como el que nos ofrece Pozo tienen la virtud de permitirnos comprender qué factores están relacionados con la adquisión del conocimiento, y cuál es su peso específico en este proceso. Esta comprensión puede permitirnos crear, por ejemplo, sistemas educativos que se ajusten a nuestra particular forma de conocer. Más arriba ya hice referencia a la importancia del manejo por parte de los individuos de los sistemas de representación culturales, cuyo máximo exponente en la actualidad es Internet: bien conocida es la necesidad de proporcionar a los individuos una correcta alfabetización informacional, que les permita sacar el máximo provecho de esta herramienta. Pero la hélice del conocimiento también nos permite captar la importancia de los procesos individuales de pensamiento (tales como la suspensión de representaciones, o la capacidad de explicitar las mismas): una buena razón, pues, para fomentar la adquisición de competencias en metacognición.

Finalmente, algunas preguntas para vosotr@s: ¿qué te parece el modelo de adquisición de conocimiento de Pozo?; ¿crees que da cuenta de la manera general que tenemos los seres humanos de adquirir conocimiento?; ¿conoces algún otro modelo?

Bibliografía:

Pozo Municio, Juan Ignacio. Adquisición de conocimiento: cuando la carne se hace verbo. Madrid: Morata, 2006.

Créditos: Imagen de David Leggett

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2 pensamientos en “La espiral del conocimiento

  1. Pingback: Espiral del conocimiento « Gestión del conocimiento

  2. Me parece excelente este enfoque, sobretodo, porque explica desde una base biológica la forma en que se da el conocimiento en el hombre.

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