El origen de las redes sociales y la cooperación

Las redes sociales y su estudio están de moda. Pero puede que las redes no sean un fenómeno que únicamente se da hoy día: puede que las sociedades ancestrales también presentaran estructuras sociales que pudiéramos denominar “redes sociales”.

Si ello fuera así, ¿cuánto se parecerían las redes sociales primigénias a las redes sociales actuales? Y ¿qué papel podrían haber tenido las redes en la aparición de la cooperación entre los humanos?

Éstas son las preguntas que intentan responder Nicholas Christakis y James Fowler, los famosos autores de la obra Conectados, en un nuevo estudio que se ha publicado hoy en la revista Nature.

Por supuesto, no podemos observar directamente las sociedades humanas ancestrales, pero sí que podríamos intentar estudiar sociedades que, en la actualidad, se comporten como se supone que lo hacían nuestros ancestros. Eso es precisamente lo que han hecho Christakis y Fowler, con la ayuda de la investigadora Coren Apicella, al estudiar a la tribu Hadza de Tanzania.

Los Hadza son un grupo étnico que viven en la región del lago Eyasi, según un estilo de vida de cazadores – recolectores.

Apicella fue la encargada de recolectar los datos de campo (siguiendo los consejos del antropólogo Frank Marlow), entrevistando a 205 adultos en el transcuros de dos meses.

Apicella estimó su tendencia a cooperar y rastreando sus lazos de amistad. ¿Cómo?: de dos maneras:

Por un lado, Apicella preguntaba a los individuos que identificaran aquellos otros miembros del grupo con los que les gustaría vivir en su próximo asentamiento.

Por el otro, se le proporcionó a cada adulto una barrita de miel (uno de los alimentos favoritos de los Hadza), y se les pidió que ofrecieran la barrita como regalo a aquellas personas de su campamento que desearan.

Estas actividades permitieron generar 1.263 relaciones de amistad en el campo, y 426 relaciones mediadas por el regalo de la barrita.

De manera adicional, se estimó los niveles de cooperación proporcionando a los Hadza barritas de miel adicionales, de manera que pudieran quedárselas para ellos mismos, o compartirlas con otros miembros del grupo.

Las redes obtenidas fueron analizadas, lo que ha permitido a los investigadores llegar a la conclusión de que la estructura y la dinámica de las redes sociales de los Hadza es, en esencia, igual que las de las redes de las comunidades modernas.

Algunas de las características de las redes de los Hadza identificadas por el equipo fueron:

  • Transtividad
  • Reciprocidad
  • Deterioro geográfico
  • Homofilia
  • Alto grado de variación inter-grupal, pero bajo grado de variación intra-grupal, en la donación de bienes públicos
  • Mayor probabilidad de establecer lazos entre los individuos que comparten de manera equitativa
  • Dos grados de separación en los comportamientos cooperativos

Según los autores del trabajo, estos resultados ofrecen una nueva evidencia del carácter ancestral de las redes sociales: tanto, que puede que incluso sean una parte de la historia humana.

Por otra parte, los investigadores opinan que los resultados también pueden arrojar luz sobre el origen de la cooperación. Y es que, para que los comportamientos de cooperación puedan tener lugar, se necesita algún sistema que permita a los cooperadores interactuar con otros individuos. Y, claro está, ese sistema serían las redes sociales.

Como dice Apicella en una nota de prensa del estudio, si los cooperadores pueden estar agrupados en un espacio social, la cooperación puede evolucionar. Según Apicella, las redes sociales permiten que esto ocurra.

No obstante, deberíamos ser cuidadosos con afirmaciones como ésta. Y es que la verdad de esta idea depende de lo que entendamos por “cooperación” y por “red social”. Para entender por qué, demos un rápido repaso al proceso de selección natural.

El mecanismo de selección más básico en aquel en el que un entorno físico impone una presión sobre la aptitud de supervivencia de los individuos. Esta presión puede ser en forma de condiciones climáticas, escasez de recursos o acceso a las parejas reproductoras. Gracias al proceso de mutaciones genéticas al azar, algunos individuos pueden mejorar sus aptitudes reproductoras, con lo que sus genes se acaban difundiendo en la población.

Una manera de mejorar esta transmisión de genes es el cuidado de la descendencia. Éste es uno de los sentidos de “cooperación”: los comportamientos altruistas que se dan entre individuos relacionados genéticamente.

El entorno que ejerce presión sobre los individuos no sólo puede ser físico, sino también social: las diversas relaciones que se establecen entre individuos de un grupo emparentado, pero también entre individuos de diferentes grupos. Este segundo tipo de cooperación, el llamado altruismo recíproco (yo te rasco la espalda si tú me rascas la mía) puede acabar mejorando las aptitudes reproductoras de los indviduos particulares. Así, los individuos con mejores disposicines para cooperar acabarán triunfando en la población, con lo que al final tendremos individuos que, en general, están dispuestos a cooperar. En otras palabras: al final, acabaremos teniendo estructuras formadas por redes sociales entre individuos.

Pero es importante entender que el altruismo recíproco es una variación del altruismo entre individuos relacionados genéticamente. Podemos entender esta idea de otra manera: el altruismo entre individuos no relacionados sólo puede darse si las disposiciones que permiten el altruismo ya están allí.

Así, el sistema que permita a los cooperadores interactuar con otros individuos, y que facilita la aparición de la cooperación, puede ser el núcleo de individuos relacionados genéticamente. Las redes sociales serían una extensión de este comportamiento, actuando posteriormente como potenciador del mismo, en lo que podríamos llamar una co-evolución.

En definitiva: tengamos cuidado de no presentar a las redes sociales como la causa de la evolución de la cooperación, sino como un resultado de disposiones a la cooperación más básicas.

Créditos:

Imagen de Gakige

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