¿Cuál es la mejor manera de fomentar, y mejorar, el hábito lector entre los más pequeños? La respuesta más frecuente suele ser algo parecido a esto: el amor por la lectura ha de desarrollarse permitiendo que los pequeños lectores elijan aquellos libros que sean de su interés, mayoritariamente textos de ficción. Es decir, el fomento lector pasa por la vertiente lúdica del aprendizaje de la lectura.
Ni que decir tiene que no todo el mundo está de acuerdo. Hay pedagogos que, aun reconociendo la importancia del aspecto lúdico del aprendizaje, mantienen que es necesario prestar una mayor atención al conocimiento de fondo que permite desarrollar la habilidad lectora: la comprensión lectora está altamente determinada por el conocimiento de fondo que el individuo posee. Y podría ser que ese conocimiento debiera fomentarse activamente entre los lectores, mediante la utilización de textos de no ficción, sin confiar demasiado en que los lectores incipientes lo desarrollen únicamente a través del placer de leer por leer.
En medio de estas controversias, recientemente se han publicado los resultados de un estudio en las escuelas públicas de la ciudad de Nueva York (reseñado en el New York Times) que muestra que el aprendizaje lector basado en los textos de no ficción mejora las habilidades lectoras comparado con el aprendizaje lector basado en textos de ficción. Sigue leyendo



