Nuestro sistema inmune psicológico

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Las personas solemos tener una cierta idea de cómo determinados eventos podrían afectar a nuestras vidas emocionales a largo plazo. Esperamos que sucesos como perder un hijo, ser despedido del trabajo, recibir un premio por nuestra contribución científica, sufrir una ruptura matrimonial,… por su importancia, dejen en nosotros una huella emocional significativa que nos acompañará durante un tiempo prolongado. Estas expectativas son importantes, porque nuestras acciones están basadas en las consecuencias emocionales de los sucesos futuros.

No obstante, aunque podamos predecir con cierta exactitud la intensidad de las emociones futuras que puede provocarnos un evento, eso no quiere decir que seamos capaces de estimar la duración de esos sentimientos. Y a menudo es la predicción de esa duración lo que determina nuestras decisiones.

De hecho, el psicólogo Daniel Gilbert descubrió hace unos años que nuestras predicciones sobre cómo nos vamos a sentir en un futuro, y sobre la duración de nuestras emociones, suelen ser erróneas. Según Gilbert, este fallo en la predicción tiene que ver con no ser conscientes de un conjunto de mecanismos psicológicos de defensa ante las adversidades, que bautizó como “sistema inmune psicológico”. Sigue leyendo

Tomar apuntes en clase: mejor a mano que con un laptop

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Los estudios sobre los efectos que pueda tener el uso de las nuevas tecnologías sobre nuestra manera de pensar son de lo más diversos. Recientemente, Wray Herbert ha reseñado un nuevo estudio en The Huffington Post que trata sobre un tema original: a la hora de tomar notas en clase, ¿es mejor hacerlo a mano o con un laptop? La respuesta de los autores, tras analizar las conclusiones, parece clara: sin duda, es mejor hacerlo a mano.

Herbert comenta que el estudio, llevado a cabo por Pam Mueller y Daniel Oppenheimer está por aparecer en la revista Psychological Science, por lo que no puedo ofrecer ningún enlace al artículo original. No obstante, el estudio de Mueller y Oppenheimer parece estar basado en una charla que ofrecieron en el año 2012 en la Psychonomic Society Annual Meeting en Minneapolis, y que se menciona en el artículo de Gal Ben-Yehudah y Yoram Eshet-Alkalai The Influence of Text Annotation Tools on Print and Digital Reading Comprehension. El artículo de Ben-Yehudah y Eshet-Alkalai sí que está disponible online, y valga decir que llega a las mismas conclusiones que el de Mueller y Oppenheimer.

El estudio de Mueller y Oppenheimer comprende diversas fases, nos dice Herbert en el Post, pero puede resumirse en las siguientes.

En un primer experimento, los estudiantes atendieron una clase, algunos equipados con laptops y otros con cuadernos tradicionales. A los estudiantes se les comentó que tomaran notas siguiendo sus estrategias habituales. Tras hora y media después de la clase, se les aplicó un test para comprobar cuánto recordaban de la clase, tanto en cuestiones factuales como conceptuales.

Mueller y Oppenheimer observaron que los estudiantes que utilizaron laptops tendían a tomar más notas, pero lo hacían transcribiendo literalmente la clase, y esta manera de tomar notas parecía tener un efecto negativo: puntuaban peor a la hora de recordar conceptos que los estudiantes que habían tomado notas a mano.

En un segundo experiemento, Mueller y Oppenheimer quisieron comprobar si había alguna diferencia entre ambas estrategias si se dejaba pasar más tiempo tras la clase para realizar la prueba de conocimientos. Para ello, avisaron a los alumnos que serían examinados una semana después de la clase.

Los resultados: aquellos que tomaron notas a mano lo hicieron significativamente mejor que aquellos que utilizaron un laptop, tanto en las preguntas conceptuales como en las factuales.

Además, Herbert recoge otro hallazgo de los investigadores:

The scientists had an additional, intriguing finding. At one point, they told some of the laptop users explicitly not to simply transcribe the lectures word-by-word. This intervention failed completely. The laptop users still made verbatim notes, which diminished their learning. Apparently there is something about typing that leads to mindless processing. And there is something about ink and paper that prompts students to go beyond merely hearing and recording new information — and instead to process and reframe information in their own words, with or without the aid of asterisks and checks and arrows.

Cómo la política divide a las amistades en Facebook

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Hay un tópico que reza que en las comidas familiares no se debe hablar de política. Y es que la política es capaz de hacer florecer nuestro lado más intolerante, lo que puede perjudicar nuestras relaciones con las personas más cercanas.

Las cenas familiares no son los únicos contextos en los que no es aconsejable hablar de política. Según un nuevo estudio, la política también es un factor de división entre relaciones en Facebook. Sigue leyendo

Más sobre el lado oscuro de la inteligencia emocional

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Hace ya tres años (cómo pasa el tiempo), publicaba en este blog la reseña de un estudio que analizaba la cara más negativa de la inteligencia emocional. Según los autores, la capacidad de regular las propias emociones puede favorecer la consecución tanto de buenos como de malos fines, potenciando la relación entre determinados rasgos de personalidad y los comportamientos pro y antisociales.

Pues bien: hace poco me he topado con un artículo publicado en The Atlantic escrito por el profesor en management y psicología Adam Grant, que nos muestra lo que las últimas investigaciones tienen que decir sobre el lado oscuro de la inteligencia emocional. Sigue leyendo

De “Psicología de la información” a “Somos informívoros”

Este blog ha seguido una trayectoria peculiar. Comenzó como un intento de acercar la psicología a los profesionales de la información, teniendo en cuenta diferentes ámbitos de relevancia (el marketing, la comunicación,…). Continúo poniendo énfasis en el pensamiento crítico en la búsqueda y la evaluación de la información, al tiempo que examinaba cuestiones relacionadas con la manera en que las personas compartimos  información. Al mismo tiempo, pretendía ser un escaparate para los estudios científicos más novedosos y relevantes en el campo de la psicología cognitiva.

Como podéis ver, ha sido un trayecto lleno de aventuras. Tanto, que el título “Psicología de la información” se ha quedado corto. Y es que el blog ha dado cabido a contenidos que sólo de una manera muy laxa podrían considerarse como relacionados con la psicología cognitiva. Por ello, ha llegado la hora de hacer un pequeño gran cambio: el blog cambia su nombre, para pasar a ser Somos Informívoros.

Puede que el nuevo nombre sea menos llamativo que Psicología de la información, pero tiene dos ventajas:

En primer lugar, y como decía más arriba, el nuevo nombre hace más justicia al contenido del blog, ya que no todos los posts estaban dedicados a temas relacionados con la psicología en sentido estricto.

En segundo lugar, me permitirá mantener los temas habituales, reforzando algunos (como el pensamiento crítico) pero añadiendo algunos que también me apasionan, como la psicología evolutiva o la neurociencia.

De esta manera, Somos Informívoros se relanza oficialmente, hasta donde sé, como el primer blog dedicado a la psicología, la sociología y la crítica de la información (y a alguna cosa más).

Y es que el término informívoro (atribuido a Gerorge A. Miller), pretende caracterizar a un organismo que consume información. Y, aunque puede que sea una imagen limitada de lo que es una persona, qué duda cabe de la importancia que posee la información en nuestras vidas.

Así que gracias por vuestra atención. Espero que disfrutéis de esta nueva etapa.

 

¿Son útiles las políticas de transparencia?

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El psicólogo Dan Ariely se ha hecho famoso por su estudio de la irracionalidad y por cómo nos afecta. Ese estudio le ha llevado a interesarse por el deseo y por la mentira. Hace ya un par de años que se publicó en España su libro Por qué mentimos (una traducción bastante libre del original The (honest) truth about dishonesty), que sólo ha caido en mis manos hace poco.

Después de dos años, ¿qué comentario inteligente al respecto puedo hacer que no se haya hecho ya? Pues de las implicaciones que Ariely encuentra en sus estudios para nuestras vidas, me quedo con una que desgraciadamente está muy de moda.

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Cómo las campañas por la felicidad nos acaban haciendo infelices

La búsqueda de la felicidad ha pasado a ser una de las cuestiones más importantes en nuestras sociedades, una tendencia agudizada por los tiempos de crisis económica, social y política que estamos sufriendo. Vivimos rodeados de mensajes que nos invitan a buscar la felicidad. Y aunque muchos de estos mensajes puedan ser honestos, lo cierto es que también tienen su lado oscuro.

Un  estudio de hace unos meses, reseñado de manera excelente en el blog Research Digest, nos muestra los efectos negativos de determinadas maneras de entender el pensamiento positivo: según los autores, la abundancia de mensajes sociales que nos animan a ser felices pueden acabar haciéndonos sentir más tristes.

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