Apuntes sobre el cómo y el por qué de las redes sociales

La existencia de redes sociales es el fenómeno donde más cláramente podemos observar las complejidades de nuestra manera de procesar y compartir información. Y es que en estas redes participan de manera conjunta importantes procesos psicológicos que, a simple vista, pueden pasarnos inadvertidos. En este post vamos a pasar revista, desde la psicología evolutiva, a algunos aspectos que determinan el origen (por qué) de las redes sociales y la manera (cómo) en que éstas se estructuran, extrayendo algunas implicaciones sociales.

Comencemos con la pregunta del por qué de las redes sociales. Decir que el ser humano es social por naturaleza es un lugar común, uno de aquellos tópicos que tod@s aceptamos como obvio. Pero, ¿por qué es social por naturaleza? Puede que a simple vista no captemos la importancia de esta pregunta. Como animales que somos, estamos sujetos al mecanismo de la evolución, a la competición por la reproducción y transmisión de nuestros genes. Y es por ésto por lo que la cooperación es un fenómeno que no es obvio, sino más bien una paradoja: si cooperar puede reducir las oportunidades de reproducción, ¿por qué cooperar en absoluto? Éste dilema se manifiesta de manera mucho más clara en el fenómeno del altruismo, la cooperación llevada al extremo: un animal realiza una acción a favor de un segundo animal, o inlcuso a favor de un grupo, sin que haya una compensación clara a cambio. Desde la década de 1970, se han llevada a cabo, desde el campo de la sociobiología, grandes esfuerzos por resolver la paradoja de la cooperación y del altruismo.

La cooperación implica una ventaja, ya que los animales que cooperan disponen de mayores recursos y de una mayor seguridad que aquéllos que no lo hacen. El intercambio de favores se denomina “altruismo recíproco“. Este tipo de cooperación siempre supone un peligro potencial: podría suceder que ayudara a una segunda persona, pero que ésta no me ayudara cuando lo necesitase. De esta manera, en la siguiente interacción con esa persona me lo pensaré dos veces antes de volver a prestarle mi ayuda. Podríamos imaginar una población de individuos, en la que unos se comportaran como “alturistas” y otros como “no-altruistas”: si los altruistas cooperan pero no reciben nada a cambio de los no-altruistas, es probable que el grupo como tal se acabe disoviendo. Por tanto, ¿qué permite la existencia de grupos que cooperan?

Es más que probable que los sentimientos sociales y morales hayan desempeñado un papel principal en esta cuestión (Pinker, 2003: p. 387). Entre los sentimientos que habrían facilitado el altruismo recíproco se encuentran:

  • Compasión / confianza: inducen a las personas a realizar el primer favor, sin esperar nada a cambio
  • Lealtad: induce a devolver el favor a quién nos prestó su ayuda
  • Vergüenza: disuades de dañar a los demás, o de no corresponder en el intercambio
  • Ira / Desprecio: induce a evitar a los no-cooperadores, e incluso a castigarles

Lejos de ser una simple hipótesis, la participación de los sentimientos morales ha recibido un fuerte apoyo desde dos frentes: la neurociencia, que incluso ha identificado módulos morales que parecen ser universales; la antropología, que gracias al trabajo de Donald Norman ha señalado la existencia de unos sentimientos morales y de unas prácticas sociales que parecen reproducirse en la mayor parte de culturas humanas conocidas (incluso aunque éstas nunca hayan establecido contacto de ningún tipo).

Además, hay dos capacidades humanas universales que, junto con los sentimientos morales, permiten la existencia de la cooperación:

  • La detección de tramposos en la interacción social
  • La posesión de una teoría de la mente desarrollada, que nos permite inferir los estados mentales de otras personas

Aunque ésta es una descripción simplificada de las explicaciones sobre la cooperación que actualmente se manejan en biología, nos permite exponer una primera implicación: además de la percepción de un objetivo compartido, es necesario prestar atención a las emociones de los individuos que forman la red. Aunque cooperar sea un fenómeno natural, eso no quiere decir que surja espontáneamente en cualquier situación y contexto. Los individuos también tenemos intereses propios, y nuestras emociones suelen afectar la forma en que los percibimos. Contar con la tecnología necesaria, o la voluntad para crear una red, no tiene por qué ser suficiente.

El ejemplo más claro de este hecho lo podemos encontrar en los programas de gestión del conocimiento mediante la creación de comunidades de práctica en las empresas: los recelos y los intereses privados de los componentes de la comunidad pueden dar al traste con las mejores intenciones de los gestores.

Vamos a hablar ahora sobre el cómo. Aunque el estudio de cómo se forman las redes es toda un disciplina en sí, voy a utilizar algunas reflexiones de la obra Communication and power, del sociólogo Manuel Castells. En dicha obra, Castells se interesa por cómo se ejerce el poder político en la Sociedad de la Información. Y su respuesta, fruto de una minuciosa investigación es: mediante la creación de redes.

En la creación de redes, Castells diferencia dos tipos de actores, que pueden ser individuos aislados, pero también grupos de individuos de grupos diferentes (Castells, 2009; p.45):

  • Los programadores: son aquellos agentes que crean las redes y que les asignan un determinado cometido, un propósito. En función de este propósito, la red puede ganar importancia y conectar a otros agentes.
  • Los conectores: son aquellos agentes que conectan y logran la cooperación de diferentes redes, utilizando para ello la presencia de intereses compartidos.

Pero, ¿cómo consiguen los programadores que la influencia de la red crezca, para que ésta consiga sus objetivos?: mediante la comunicación (Castells, 2009; p.45). El control de la comunicación es clave, ya que mediante este proceso, se pueden difundir los propósitos de la red e influir a los individuos.

No obstante, la comunicación no tiene por qué mostrar de una manera clara los objetivos de la red. De hecho, Castells nos muestra cómo las grandes redes de coorporaciones globales, y las redes de intereses políticos, se sirven de la manipulación para despertar determinados sentimientos en la sociedad, y conseguir la adhesión de los individuos (proceso que se conoce como enmarcado). Nos encontramos de nuevo con los sentimientos, y con su influencia sobre los individuos en el proceso de creación de redes.

Castells se centra en las redes políticas, pero también nos habla de la existencia de otras redes, interconectadas mediante el trabajo de los conectores:

For instance, the connections between political leadership networks, media networks, scientific and technology networks, and military and security networks to assert a geopolitical strategy. Or, the connection between political networks and media networks to produce and diffuse specific political ideological discourses. Or, the relationship between religious networks and political networks to advance a religious agenda in a secular society. Or, between academic networks and business networks to provide knowledge and legitimacy in exchange for resources for universities and jobs for their products (aka graduates). (Castells, 2009; p.46)

El poder de los conectores también es tratado por Christakis y Fowler en su obra Conectados. Según los autores, al conectar diferentes redes poseen información de la que la red a la que no estamos conectados puede que carezca. Los autores comentan que:

Una de las implicaciones de esto es que a las personas que tienen numerosos vínculos débiles se les pide consejo a menudo y se les ofrece opotunidades a cambio de información o acceso. En otras palabras, las personas que actúan de puentes entre grupos pueden terminar siendo centrales para el funcionamiento general de la red y por tanto tienen más posibilidades de verse recompensadas económicamente y de otras maneras (Chistakis, Fowler, 2010; pp 170-171).

Resumiendo: la influencia sobre las emociones del público objetivo de la red, llevada a cabo por los programadores, puede hacer que la red gane conexiones; cuántas más conexiones gane, más oportunidades tendrán los conectores de unir diferentes redes; y cuántas más redes se conecten, más reforzado se verá el valor de los programadores y de los conectores.

Christakis y Fowler extraen una conclusión sombría de esta dinámica:

[…] en un mundo cada vez más interconectado, la gente con muchos vínculos se conecta aún más, dejando cada vez más atrás a aquellos que tienen pocas conexiones. Como resultado, las recompensas se concentrarán aún más en aquellos que ocupen determinados lugares en la red. Ésta es la auténtica brecha digital. La desigualdad en las redes crea y refuerza la desigualdad de oportunidades. (Chistakis, Fowler, 2010; p. 308)

Es éste un peligro real. Recordemos que Castells nos dice que los programadores y conectores pueden ser diferentes agentes, y que por tanto las redes que se pueden crear pueden ser de diferente tipología: conexiones entre actores políticos, científicos, militares, económicos,… Haríamos bien de estar alerta si queremos democracias fuertes, y ciberespacio realmente democrático.

Las redes sociales son una realidad compleja de nuestro tiempo, que se prestan a múltiples análisis. Os dejo con algunas preguntas: ¿qué opináis de la brecha digital que mencionan Christakis y Fowler?; ¿eres consciente del papel de los sentimientos morales en las interacciones con los nodos de las redes en las que formas parte?; ¿se gestionan de alguna manera esos sentimientos en ésas redes por parte de los gestores de las mismas?

Bibliografía:

Castells, Manuel. Communication and power. New York: Oxford University Press, 2009.

Christakis, Nicholas A. ; Fowler, James H. Conectados: el sorprendente poder de las redes sociales y cómo nos afectan. Madrid: Santillana, 2010.

Pinker, Steven. La tabla rasa: la negación moderna  de la naturaleza humana. Barcelona: Paidos, 2003.

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