Por una evaluación equilibrada de la información

La evaluación de la información es el complemento natural a la búsqueda de información. La manera en que llevemos a cabo dicha evaluación puede afectar a la manera en que la asimilamos, y en la disponibilidad de ésta para generar conocimiento verdadero. En este post, vamos a hablar de un factor que puede afectar a esta operación de evaluación: el razonamiento motivado.

En un post anterior, hice referencia al conocido como sesgo de confirmación, esto es: la tendencia a favorecer aquella información que confirma nuestras creencias, evitando aquella información que (potencialmente) podría refutarlas.

El sesgo de confirmación tiene una otra vertiente complementaria, el llamado razonamiento motivado (motivated reasoning), que es la tendencia a juzgar de una manera más crítica aquella información que no concuerda con nuestras creencias que aquella que sí lo hace.

Como vemos, tanto el sesgo de confirmación como el razonamiento motivado parecen tener una base común: son dos procesos en los que las emociones tienen una gran influencia, y cuya finalidad parece ser disminuir la disonancia cognitiva (esto es, el malestar que sentimos ante la posibilidad de mantener creencias contradictorias).

El razonamiento motivado es otra expresión de la economía con la que trabaja nuestro sistema cognitivo. Dada su limitada capacidad para procesar información, nuestro cerebro integra la información exterior en nuestro sistema de creencias preexistente. Éste suele ser un proceso inconsciente, por lo que su funcionamiento y sus principios suelen pasarnos desapercibidos.

El razonamiento motivado, al igual que el sesgo de confirmación, tiene una influencia constante en nuestra relación con el mundo y con los demás, manifestándose en diferentes ámbitos: el que suele citarse con mayor frecuencia es el de la política, ante la aparente imposibilidad de llegar a acuerdos racionales en cuestiones donde la ideología es muy marcada.

Otro ámbito donde actúa el razonamiento motivado es en la evaluación de información: las personas presentamos una tendencia muy marcada a evaluar de manera más negativa informaciones que provienen de determinados medios que de otros, o que presentan argumentos alternativos a los nuestros.

Esto no quiere decir que no tengamos buenos motivos para evaluar de manera negativa dichas informaciones. Lo que sí quiere decir es que debemos hacer un esfuerzo extra, para clarificar en qué medida nuestra evaluación es producto del razonamiento motivado o de un juicio equilibrado de la información disponible. Es decir: el mejor antídoto contra el razonamiento motiva es la metacognición.

Así, desde el punto de vista de la metacognición, algunas de las preguntas que deberíamos hacernos a la hora de evaluar la información son:

¿Somos conscientes del motivo por el que no estamos de acuerdo con la información en cuestión? ¿Podemos verbalizar dichos motivos de una manera clara?

¿Qué argumentos estamos utilizando para apoyar dichos motivos? ¿Realmente se encuentran relacionados con nuestros motivos, o son producto de la disonancia cognitiva?

¿Podemos identificar correctamente los argumentos en los que se basan la información disponible? ¿Estamos siendo equilibrados en nuestro juicio de ellos? Esto es, ¿estamos respetando unos buenos principios sobre la argumentación?

Créditos: Imagen de Ewa Walicka

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