Leer primero el final puede ser positivo

Un hombre que llega a una sala de cine y pide ayuda al acomodador para que le busque un asiento. Tras llegar a la butaca, el acomodador hace un gesto con la mano esperando recibir una propina. El hombre mete la mano en su bolsillo y, tras buscar unos instantes, saca una moneda de poco valor y se la da al acomodador. Éste, al salir de la sala, comprueba el poco valor de la propina. Enfadado, vuelve a la sala, se dirije a la butaca del hombre y le dice al oído: “El asesino es el mayordomo”.

Probablemente, habremos oído alguna variación de este chiste clásico, pero lo que todas tienen en común es una creencia popular: explicar a alguien el final de una historia que está a punto de contemplar, o leer, es una jugada de mal gusto. Y es que se supone que desvelar ese final puede hacer que disfrutemos mucho menos la historia de lo que lo haríamos en caso de no saberlo. Pero, ¿es cierto que conocer el final de una historia  hace que la disfrutemos menos? Sigue leyendo

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Redes sociales: ¿homofilia o contagio?

Es más que probable que a estas alturas el lector haya oído hablar de la obra Conectados: el sorprendente poder de las redes sociales y cómo afectan nuestras vidas, de Nicholas A. Christakis y James H. Fowler. Una de las ideas más impactantes de su libro es el principio de los tres grados de influencia: personas que se encuentran a tres grados de nosotros, sean conocidas o no, influyen en diversos aspectos de nuestra vida de manera sorprendente. Tras realizar estudios estadísticos y analizar diversos modelos reales de redes de personas, los autores proponen que fenómenos como la obesidad, el tabaquismo, el acné o incluso la felicidad, son contagiosos: si las personas que están en nuestra red dentro de esos tres grados de separación, por ejemplo, engordan, nuestra probabilidad de engordar aumenta aunque no conozcamos directamente a esas personas. En este post, veremos que existe cierta controversia sobre la fiabilidad de los estudios de Christakis y Fowler (CyF), por lo que la hipótesis del contagio social contaría con menos apoyos de los que sus autores suponen. Sigue leyendo

El error fundamental de atribución y las organizaciones

Prácticamente todos los días nos relacionamos con otras personas. Observamos sus comportamientos, y gracias al lenguaje y la comunicación interpersonal escuchamos las razones que las han movido a actuar como lo han hecho. Pero, si esa comunicación no se da, también somos capaces de suponer cuáles podrían ser los motivos que se encuetran en la base de esos comportamientos. El problema es que esas suposiciones no siempre son acertadas. En este post, veremos cómo y por qué nos equivocamos a la hora de suponer motivos para las acciones que observamos de otras personas, y hablaremos de la importancia de este proceso en el contexto de las organizaciones. Sigue leyendo

¿Puede la influencia social disminuir la inteligencia de las multitudes?

El fenómeno conocido como “inteligencia colectiva” (en sus diferentes denominaciones: “inteligencia de las mutitudes”, “crowdsourcing”,….) ha recibido una gran atención en los últimos años, especialmente desde la eclosión de las redes sociales en Internet. Y es que, se nos dice, una mayor interacción y comunicación podría llevar a las multitudes a crear conocimiento, o a encontrar respuestas, que quedarían fuera del alcance de los individuos particulares. Pues bien: gracias al blog Not exactly rocket science, de Ed Yong, he descubierto la publicación de un par de investigaciones que parecen mostrar que la influencia social puede reducir la inteligencia de las multitudes. Sigue leyendo

Emigrantes cognitivos, o aprender a desaprender

Es bien conocida la necesidad, a veces exigencia, que se nos presenta a los individuos en la Sociedad del Conocimiento de aprender a aprender: el crecimiento exponencial de la información y las innovaciones tecnológicas hace que los conocimientos queden obsoletos cada vez más rápidamente. Pero, ¿qué puede suponer a nivel social la actual concepción del aprendizaje permanente? Sigue leyendo