Leer primero el final puede ser positivo

Un hombre que llega a una sala de cine y pide ayuda al acomodador para que le busque un asiento. Tras llegar a la butaca, el acomodador hace un gesto con la mano esperando recibir una propina. El hombre mete la mano en su bolsillo y, tras buscar unos instantes, saca una moneda de poco valor y se la da al acomodador. Éste, al salir de la sala, comprueba el poco valor de la propina. Enfadado, vuelve a la sala, se dirije a la butaca del hombre y le dice al oído: “El asesino es el mayordomo”.

Probablemente, habremos oído alguna variación de este chiste clásico, pero lo que todas tienen en común es una creencia popular: explicar a alguien el final de una historia que está a punto de contemplar, o leer, es una jugada de mal gusto. Y es que se supone que desvelar ese final puede hacer que disfrutemos mucho menos la historia de lo que lo haríamos en caso de no saberlo. Pero, ¿es cierto que conocer el final de una historia  hace que la disfrutemos menos?

Ésta es la pregunta que han querido responder los investigadores Nicholas Christenfeld y Jonathan Leavitt, del departamento de psicología de la UC San Diego en un reciente experimento.

Christenfeld y Leavitt querían comprobar cómo se veía afectada la sensación subjetiva de disfrute de una historia cuando a los sujetos del experimento se les hacía saber la conclusión de la historia antes de que comenzaran a leerla. En inglés, la información sobre el desenlace de una historia se denomina “spoiler”, y el acto de darlo a conocer “to spoil”. En castellano, hay un término semejante, aceptado por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua: destripar. En una de sus acepciones, nos dice el DRAE que “destripar” es:

Interrumpir el relato que está haciendo alguien de algún suceso, chascarrillo, enigma, etc., anticipando el desenlace o la solución.

Los autores proporcionaron a 30 sujetos 12 historias de tres tipos, irónicas, de misterio y literarias, de autores consagrados (John Updike, Roald Dahl, Anton Chekhov, Agatha Christie y Raymond Carver). Cada historia fue presentada de tres maneras: tal y como la escribió su autor/a, con un spoiler introductorio antes de la historia, o con un spoiler incrustado dentro de la historia.

Los resultados atentan claramente contra la sabiduría popular de la que hablaba al principio: los sujetos preferían las versiones destripadas de las historias irónicas y de misterio. Aunque el efecto era menos marcado, los sujetos también preferían las historias literarias destripadas que en su versión original.

¿Qué puede explicar estos datos? Leavitt ofrece una respuesta tentativa que me parece, en parte, adecuada: leer, y comprender, una historia destripada es más fácil que leer y comprender una historia no destripada. ¿Por qué?

Los estudios sobre la lectura que se han realizado en las últimas décadas han puesto de manifiesto la importancia de los esquemas mentales en el proceso de comprensión del texto. Un esquema mental se suele definir como una agrupación de experiencias previas que están organizadas (Téllez, 2005: p. 95) formando un todo coherente, lo que nos permite utilizar ese conocimiento del mundo real de una manera automática, casi sin esfuerzo. También se dice que los esquemas presentan partes fijas y variables, cosa que explicaría el gran poder de adaptación de las personas ante situaciones nuevas.

Como esta definición es un poco abstracta, pongamos un ejemplo. El esquema “leer”, suele incorporar un par de partes fijas (al menos un lector, y al menos un texto) y algunas variables (como el tipo concreto de texto). Así, si escucháramos la frase “el niño estaba leyendo”, podríamos aportar la parte variable, al pensar en qué suelen leer los niños de manera general (“el niño estaba leyendo un libro”) (Téllez, 2005: p. 95).

Cuando leemos un texto sucede algo parecido ((Téllez, 2005: p. 246). El texto activa ciertos esquemas mentales que puede poseer el lector, lo que le permite realizar inferencias y suposiciones sobre las variables del esquema que no están presentes en el texto (esto, de paso, nos libera de la necesidad de explicitar toda la información posible que queremos transmitir: por ejemplo, si decimos “cierra la puerta”, daremos por supuesto que el oyente sabe que en la estancia hay una puerta, porque las estancias típicas suelen tener puertas).

En otras palabras: si el lector posee el esquema mental adecuado, la lectura será más fácil, porque necesitaremos menos recursos cognitivos para procesar la información. Y este hecho contiene una paradoja interesante. Si la posesión de un determinado esquema mental facilita la lectura y la compresión de un texto, en cierta medida sólo comprendemos cuando ya sabemos de qué trata el texto, y hemos activado el esquema mental adecuado (Téllez, 2005: p. 246).

Y esto explicaría por qué los individuos del experimento preferían los textos destripados que los originales: el spoiler podía activar el conocimiento previo del lector, facilitando su la lectura y la comprensión del texto.

A mi modo de ver, podría haber una explicación alternativa, pero relacionada. Quizá la clave no fuese la facilitación de la comprensión del texto, sino la creación de hipótesis por parte del lector y su comprobación. Por ejemplo, imaginemos que los experimentadores nos dicen que Poirot finalmente descubre que el asesino es el mayordomo. Esa información activaría un esquema típico de historias de misterio, y nos predispondría para realizar determinadas hipótesis a medida que avanza el texto: el lector, siendo consciente del final, vería cómo y por qué sus hipótesis podrían ser confirmadas o refutadas. Así, la participación del lector en la historia aumentaría, aumentado en consecuencia la sensación subjetiva de disfrute.

De todas maneras, habrá que esperar a que experimentos posteriores nos saquen de dudas.

Bibliografía:

Téllez, José A. La comprensión de textos escritos y la ciencia cognitiva: más allá del procesamiento de la información. Madrid: Dykinson, 2005.

Créditos:

Imagen de Cristiano Corsini

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2 pensamientos en “Leer primero el final puede ser positivo

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