Cuando ser un experto es cuestión de suerte


Nadie en la historia de la psicología ha estudiado tanto y tan bien los errores de nuestro razonamiento como los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky (fallecido en 1996). En un reciente artículo para el New York Times, Kahneman vuelve a ofrecernos una muestra de su pensamiento y de su trabajo como psicólogo. ¿El tema?: la confianza en nuestras opiniones y en nuestro estatus como experto sobre un tema puede llevarnos a mantener creencias erróneas sobre cómo funciona el mundo.

El grueso del artículo de Kahneman lo forma una reflexión sobre un estudio sobre el comportamiento de unos consultores de una firma de inversión. Kahneman fue invitado por la firma a dar una conferencia, y el psicólogo se propuso conocer si el éxito en el trabajo de los traders se basaba en un diferencia de habilidad (lo que se conoce como expertise).

Para ello, Kahneman contaba con los datos de ganancias reportadas por 25 traders anónimos durante ocho años consecutivos. El anàlisis estadístico de esos datos mostró algo sorprendente: el éxito de los traders era debido al azar, a la suerte, y no a su habilidad como consultores.

Más sorprendente, sin embargo, fue la reacción de los directivos y de los traders al conocer los resultados: sencillamente, no parecieron tomar en consideración las conclusiones del estudio. Y es que, como dice Kahneman, la ilusión de la habilidad está fuertemente enraizada en la cultura de la industria, que los hechos que puedan amenazar esa asunción simplemente no son digeridos. En palabras de Kahneman:

This is particularly true of statistical studies of performance, which provide general facts that people will ignore if they conflict with their personal experience.

Pero, ¿por qué somos ciegos a aquellos hechos que muestran la debilidad de nuestras habilidades? Según Kahneman, la explicación incluye dos factores:

En primer lugar, solemos creer que los fenómenos del mundo son mucho más regulares y predecibles de lo que en realidad son, y eso porque nuestra memoria construye constantemente explicaciones sobre lo que sucede.

En segundo lugar, la confianza en nuestros juicios no es producto de una evaluación razonada sobre la realidad, sino de un sentimiento que tiene que ver con la coherencia de nuestras historias y de lo fácilmente disponibles que estén en nuestra memoria. Y es que, como ya escribí en un post anterior, nuestras ideas sobre lo que es el mundo, y sobre cómo funciona, tienden a cegarnos a cómo en realidad funciona el mundo.

De esta manera, nuestros juicios futuros sobre el mundo pueden no verse afectados por una posible evidencia en contra, incluso aunque creamos que es una buena evidencia.

Entonces, ¿podemos confiar en las afirmaciones de alguién que se presente como experto en una materia? Kahneman finaliza su artículo con dos buenas recomendaciones, que creo que también son aplicables para examinar la validez de nuestros propios juicios cuando adoptamos el papel de experto en un área:

1. ¿Es el ambiente sobre el cuál se realiza el juicio lo suficientemente regular como para permitir hacer predicciones a partir de la evidencia disponible?: la respuesta dependerá de cuáles son los factores que influyen sobre el ambiente, y cómo se relacionan entre ellos.

2. ¿Tiene el experto la oportunidad para aprender las regularidades del ambiente?: la respuesta dependerá de la experiencia del experto y de cómo y a qué velocidad puede el experto descubrir sus errores de juicio.

Acabo el post con la recomendación final de Kahneman, todo un recordatoria de la necesidad de pensamiento crítico:

In general, however, you should not take assertive and confident people at their own evaluation unless you have independent reason to believe that they know what they are talking about. Unfortunately, this advice is difficult to follow: overconfident professionals sincerely believe they have expertise, act as experts and look like experts. You will have to struggle to remind yourself that they may be in the grip of an illusion.

Créditos:

Imagen de killthebird

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2 pensamientos en “Cuando ser un experto es cuestión de suerte

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