Las dos caras de la Inteligencia Emocional

La inteligencia emocional es el tema estrella de la psicología en los últimos años. El trabajo de autores como Daniel Goleman ha contriubido a difundir el concepto entre el público general, buscando aplicaciones de esta habilidad a diferentes ámbitos de nuestra vida (como el trabajo y las relaciones personales).

Este tipo de inteligencia ha sido asociado la mayoría de las veces a comportamientos prosociales, es decir, a comportamientos que buscan el beneficio de otras personas y que potencia su bienestar. No obstante, también existen trabajos en los que se ha relacionado la inteligencia emocional con comportamientos antisociales. Un interesantísimo artículo publicado en la revista Psychological Science busca reconciliar los diferentes hallazgos sobre cómo la inteligencia emocional se relaciona tanto con el comportamiento prosocial como con el antisocial. Se suele decir que los individuos poseemos una personalidad, que puede ser descrita por los demás mencionando determinados rasgos. Pero, ¿qué es un rasgo de personalidad? Los autores lo definen como una tendencia en un individuo a mostrar patrones consistentes de pensamiento, sentimiento o acción.

Algunos de estos rasgos tienden a prestar atención a las necesidades de otras personas, y a promover acciones que les ayuden, por lo que las personas con esos rasgos suelen subordinar sus intereses a los intereses de otras personas. Los autores examinan uno de estos rasgos: la identidad moral, definida como la importancia que tiene para la idea que tenemos de nosotros mismos el comportarse según unos principios morales.

En cambio, otros rasgos de personalidad pueden llevar al individuo a anteponer sus intereses a los intereses de los demás. El rasgo investigado es el maquiavelismo, definido como una desconfianza en la naturaleza humana, unida al deseo de manipular a los demás para lograr los objetivos propios.

Pero los objetivos a los que tienden esos rasgos de personalidad no siempre se consiguen. Según los autores, la razón es que los individuos varían en lo bien o mal que pueden regular sus propias emociones para conseguir sus fines. Y es que algunas emociones nos facilitan la tarea de conseguir nuestras metas, mientras que algunas otras nos la dificultan. Así pues, los individuos deben saber cómo regular efectivamente sus emociones para conseguir los objetivos motivados por sus rasgos de personalidad.

Y es aquí donde está la originalidad del artículo. Los autores investigaron cómo la capacidad de regular las propias emociones (un rasgo central de la inteligencia emocional) puede favorecer la consecución tanto de buenos como de malos fines, potenciando la relación entre determinados rasgos de personalidad y los comportamientos pro y antisociales.

Para ello realizaron dos experimentos. En el primer experimento, utilizando diferentes cuestionarios estándar, 131 sujetos fueron evaluados en tres dimensiones:

  • La medida en que eran capaces de regular sus emociones
  • La importancia que para los sujetos tenía la identidad moral
  • Su tendencia a comportarse de una manera prosocial en un dilema social

El análisis estadístico de estas dimensiones mostró como se esperaba que la regulación emocional es una variable que refuerza la asociación entre la identidad moral y el comportamiento prosocial.

En el segundo experimento, se utilizó a 252 sujetos, a los que de nuevo se les proporcionó tests estándar para evaluar tres dimensiones:

  • La medida en que eran capaces de regular sus emociones
  • El grado de maquiavelismo de los sujetos
  • El grado en que los individuos mostraban lo que en inglés se conoce como “interpersonal deviance”, que podemos entender como comportamientos que violan las normas morales que rigen las relaciones entre personas

De nuevo, el análisis estadístico de estas dimensiones confirmó la hipótesis de los investigadores: la regulación emocional refuerza la asociación entre el maquiavelismo y la “interpersonal deviance”.

Los resultados de los dos experimentos se pueden expresar de otra manera, señalando dos hechos relacionados con el análisis de los datos de los dos experimentos: la regulación emocional no está correlacionada ni con la identidad moral ni con la interpersonal deviance.

En otras palabras: la regulación emocional, y por extensión la inteligencia emocional, puede ser así una especie de herramienta que, como esperaban los investigadores, tanto puede potenciar el comportamiento prosocial como el antisocial. Todo depende, pues, de los rasgos de personalidad del sujeto en cuestión.

Voy a aprovechar para mencionar una reflexión que me parece muy adecuada en el contexto de estos resultados. Recientemente, el conocido psicólogo Steven Pinker ha publicado una obra llamada The better angels of our nature: the decline of violence in history and is causes.

Como muestra el subtítulo, Pinker argumenta que, en contra de lo que suele pensarse, los niveles de violencia en nuestro tiempo han descendido con respecto a los niveles de otras épocas históricas. Pinker se pregunta por qué. Una opción clara podría ser el refuerzo de la empatía, una competencia muy preciada de la inteligencia emocional. Y sobre esta probabilidad, Pinker comenta:

Pero la empatía no puede ser toda la historia. Contrariamente a la noción popular de que las neuronas espejo hacen a los primates reflexivamente empáticos, la empatía es una emoción voluble. Se dispara con un niño monísimo, con la belleza, el parentesco, la amistad, la semejanza y la solidaridad. Y fácilmente se suspende o se convierte en lo contrario, la schadenfreude (placer por la desgracia ajena), con la competición o la venganza

Si no es la empatía, ¿entonces cuál puede ser el factor clave en este declive de la violencia?Según Pinker:

Lo que más ha contribuido, psicológicamente hablando, en la disminución de violencia en el largo plazo puede haber sido en cambio la razón: las facultades cognitivas, que pulidas por el intercambio de ideas a través del lenguaje, nos permiten entender el mundo y negociar arreglos sociales. […] ¿Por qué la razón nos lleva sufrir menos violencia? La clave más obvia la capta muy bien la frase del escritor francés Voltaire que dice que ” los que pueden hacerle creer cosas absurdas pueden hacerle cometer atrocidades”. Desenmascarar las falsedades – como la creencia de que los dioses demandan sacrificios, los herejes van al infierno, los judíos envenenan los pozos, los animales no sienten, los Africanos son brutos y los reyes mandan por derecho divino – socava muchas de las razones para usar la violencia.

Estoy plenamente de acuerdo con Pinker. Como hemos visto, el estudio que he reseñado muestra bien a las claras que el aprendizaje de las habilidades de inteligencia emocional, por sí mismo no hará que los ciudadanos sean más justos, ni más honestos ni, en definitiva, mejores personas. Sin una reflexión sobre los fines y los medios que son moralmente lícitios, la inteligencia emocional es un arma de doble filo. Como nos dicen los autores del estudio:

Contrary to some previous beliefs (e.g., Goleman, 1995), emotion-regulation knowledge facilitates both prosocial and interpersonally deviant behavior by enhancing the motivational effects of traits. Saints can behave more prosocially in proportion to their knowledge of emotion regulation. Likewise, evil geniuses can perform more interpersonally deviant actions in proportion to the same knowledge.

Créditos: Imagen de lobregs

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6 pensamientos en “Las dos caras de la Inteligencia Emocional

  1. Fantástico artículo. Y el artículo referenciado es muy interesante e ingeniosamente bien diseñado (sin entrar en metodología estadística). Si entendemos inteligencia emocional como la capacidad de regular emociones, ahí hay un estudio que aporta evidencia en favor de un carácter neutro para el devenir de la persona….
    Al final es lo de siempre, hay que malfiarse de lo que se hace una propaganda excesiva, porque tarde o temprano se acaba viendo que no es ni tan malo ni tan bueno como se creía en un principio. Al final, todo tiende a ser multifactorial.

    • Gracias Francesc, me alegra que te haya gustado. No puedo sino estar de acuerdo en todo lo que comentas, tanto sobre el estudio (una muestra sólida de que la inteligencia emocional no es la moderna panacea), como sobre la percepción de determinados fenómenos (como la empatía), a veces más movidos por las buenas intenciones que por otra cosa. Tienes razón: todo tiende a ser multifactorial.

      Un saludo.

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