In Google we trust

Los buscadores, y especialmente Google, se han convertido en una herramienta imprescindible para acceder a la información que hay en Internet. El uso de estos recursos plantea una serie de preguntas interesantes, en cuanto a la relación que se establece entre éstos y los usuarios. Y una de esas preguntas es la siguiente: ¿evaluamos la calidad de la información que obtenemos gracias a Google?

Un reciente estudio nos muestra hasta qué punto nos fiamos de los resultados de Google.

El estudio, llamado precisamente In Google we trust, es ingenioso. Se utilizó a 22 sujetos, con una media de edad de 22 años, estudiantes en la Cornell University (EEUU). Todos los sujetos declararon utilizar a Google como buscador preferente, y poseer una alta familiaridad con su interfície.

A los sujetos se les propuso llevar a cabo diez tareas de búsqueda: cinco de ellas eran tareas de navegación, en las que se les pedía encontrar una dirección específica en la web; las otras cinco eran tareas informacionales, en las que debían encontrar una información concreta (como p.ej., “Where is the tallest mountain in New York located?”). La actividad de búsqueda fue monitorizada utilizando un protocolo de eye tracking, para poder determinar el tiempo que los individuos invertían en la evaluación de los diez primeros resultados ofrecidos por Google.

Y aquí viene lo interesante. Los resultados fueron modificados de dos maneras: en la condición de canje (swapped condition), el orden de los dos primeros resultados fue cambiado (pasando el primero a ser el segundo, y viceversa), dejando los otros resultados intactos; en la condición reversa (reversed condition), el primer resultado fue cambiado por el décimo, el segundo por el noveno, y así sucesivamente.

El análisis del comportamiento de los sujetos reveló algo interesante:

Los individuos expuestos a la condición normal, prestaron atención con más frecuencia a los dos primeros resultados, y clicaron en el primer resultado de forma preferente.

Los individuos de la condición de canje también prestaron una atención muy similar a los dos primeros resultados. Aún así, clicaron preferentemente sobre el primer resultado (casi tres veces más a menudo que el resultado que realmente era el primero, ahora trasladado a la segunda posición). Como dicen los autores, parece que los sujetos estaban muy influenciados por la posición de los resultados.

Los individuos de la condición reversa, en cambio, clicaron menos sobre los dos primeros resultados que los individuos de las otras dos condiciones, por lo que parecían llevar a cabo alguna evaluación del supuesto contenido de esos enlaces. No obstante, eligieron los cinco primeros resultados más frecuentemente que los cinco últimos, y recordemos que estos últimos resultados en realidad eran los que Google ofrecía de manera natural en los cinco primeros puestos.

Así pues, los sujetos del estudio, a la hora de resolver las necesidades de información planteadas, estaban fuertemente influenciados por el orden en que aparecían los resultados, y prestando una atención menor a la relevancia de los mismos. Y eso era así aún cuando, como muestra el análisis de los resultados de la condición reversa, los individuos mostraban algún tipo de conciencia entre el conflicto de la posición que ocupaba el resultado y su propia evaluación de la relevancia del contenido.

El estudio confirma de otra manera lo que ya sabíamos: que, generalizando, los internautas solemos prestar poca atención a la relevancia de los resultados obtenidos por Google, fiándonos más del page rank de los sitios que de su contenido. Pero hay una reseña del estudio que me ha llamado la atención, y que ha obtenido cierta difusión en estas últimas semanas: el post de Clive Thompson para la revista Wired.

En su escrito, Thompson nos recuerda la necesidad de evaluar la información, y hace una afirmación que vale la pena examinar:

One prerequisite is that you already know a lot about the world […] In other words, Google makes broad-based knowledge more important, not less. A good education is the true key to effective search.

¿Por qué es un prerequisito poseer un conocimiento ámplio sobre el mundo para poder evaluar críticamente la información? Pues por la misma naturaleza del conocimiento: en muchas ocasiones, el conocimiento se produce conectando argumentos, haciendo valer sus relaciones lógicas y explotando las implicaciones de esas relaciones. En otras palabras: la base de gran parte del conocimiento humano es la justificación racional. Y eso implica que la evaluación de la información pase por la evaluación de los argumentos sobre los que esa información se apoya. Digámoslo más claro: la evaluación de la información es fundamentalmente evaluación de argumentos.

Así pues, a pesar del enorme caudal de información a que podemos tener acceso gracias a Internet, la veracidad del conocimiento previo que poseamos sobre el mundo sigue siendo clave para poder desenvolvernos en la Sociedad de la Información.

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