12 estrategias para pensar mejor

Se acerca el fin de año, y proliferan las listas de “l@s 10 mejores” o “l@s 12 mejores” de lo más variopintas: desde virus informáticos, a vídeos, pasando por fotografías, y un largo etcétera.

Como ya debe saber el/la lector/a de este blog, una parte significativa de los posts están dedicados al análisis o al fomento del pensamiento crítico. Así que  es un buen momento para revisar las estrategias 12 estrategias para pensar mejor que nos propone Gary Marcus en su obra Kluge: la azarosa construcción de la mente humana. Ojalá que podamos ponerlas en práctica en 2012 con una mayor constancia.

El libro de Marcus tiene ya un par de años pero, dentro de la literatura dedicada a los sesgos cognitivos, representa una aproximación al pensamiento de lo más interesante: analiza nuestros errores de razonamiento como una consecuencia de la evolución natural de nuestras mentes.

El punto de partida de la obra  es esa extraña palabra a que hace referencia el título: kluge. Un kluge, tal y como lo define el autor, es:

una solución burda o inelegante – y, sin embargo, sorprendentemente eficaz – a un problema (p. 13)

El aspecto más llamativo de los kluges es que están formados por una colección de piezas mal organizadas, que aparentemente no tienen nada en común, pero que trabajan juntas para solucionar un determinado problema.

Según Marcus, nuestra mente es un kluge. ¿Por qué?

Tanto nuestro cuerpo como nuestra mente son producto de la evolución por selección natural. Como suele decirse, la evolución aprovecha aquello que es beneficioso para un organismo en un momento dado, y que permite su supervivencia. De esta manera, el proceso es acumulativo: diferentes adaptaciones beneficiosas se superponen a lo largo del tiempo para contribuir a la supervivencia del organismo. Y éste es el punto clave. Nada garantiza que el resultado sea óptimo: el órgano final puede muy bien cumplir su función de contribuir a la supervivencia del individuo, pero podría hacerlo mejor de lo que lo hace si hubiera sido diseñado desde un principio con un propósito determinado. De manera que el resultado final puede ser esa mezcla de piezas que, aunque a veces mal ensambladas, pueden servir para solucionar determinados problemas.

Si fuéramos el animal racional por excelencia, si nuestra mente hubiera sido diseñada por la evolución con ese propósito, no nos sorprenderíamos actuando de maneras tan poco racionales como las que nos muestran los sesgos cognitivos. Y es que la parte de nuestro cerebro que se ocupa del comportamiento racional es reciente en la evolución, y está “montada” sobre otra parte más antigua, aquella que controla los impulsos y las emociones primarias. El resultado es una contínua lucha entre ambas funciones (la emocional y la racional). El resultado es un kluge.

¿En qué aspectos generales podemos ver que nuestra mente es un kluge? Básicamente en los siguientes:

Nuestra memoria es contextual y parcial: esto quiere decir que recordamos de una manera defectuosa (incluso decimos recordar cosas que nunca han sucedido); que recordamos más fácilmente aquellos sucesos que, para nosotros, tienen un fuerte tinte emocional; y que un suceso nos trae a la memoria otros que sólo nosotros podemos creer como relacionados de alguna manera.

Nuestro sistema de formación de creencias es poco riguroso: aquello en lo que creemos puede verse determinado por distintos factores que nada tienen que ver con una evaluación rigurosa de la información disponible, como por ejemplo, el efecto halo.

La búsqueda del placer domina gran parte de nuestros actos: desde la compra compulsiva hasta las relaciones de pareja, pasando por los juegos de azar, las adicciones,…

Por supuesto, estas características nos hacen humanos: si no las poseeyeramos, seríamos robots dotados de una extraordinaria capacidad para el pensamiento racional, pero nada más. En principio, no hay nada de malo en dejarnos llevar por las emociones, en ser parciales en nuestros recuerdos, o en no pasarnos la vida intentando argumentar de una forma científica todo aquello en lo que creemos. Pero no es menos cierto que el no ser conscientes de estos fenómenos puede dar lugar a fenómenos tales como la manipulación mediática, prejuicios, injusticias en el trato a los demás,…

Marcus nos ofrece 12 estrategias, producto de sus propias investigaciones y del conocimiento acumulado en psicología cognitiva, que pueden ayudarnos a pensar mejor, escapando así de las trampas que suele tendernos ese kluge que es nuestra mente:

1. Plantear hipótesis alternativas:

Algo tan sencillo como obligarnos a hacer una lista de alternativas puede mejorar la fiabilidad del razonamiento. (p. 200)

2. Reformular las preguntas:

el modo en que pensamos en una pregunta invariablemente configura lo que recordamos, y lo que recordamos incide en las respuestas a las que llegamos. (p. 200)

3. Recordar siempre que la correlación no implica causalidad (es decir: dos hechos pueden darse uno junto al otro, sin que uno haya causado el otro).

4. Tener siempre presente el tamaño de las muestras:

Desde las estadísticas en medicina hasta las de béisbol, la gente muchas veces no tiene en cuenta la cantidad de datos que ha utilizado para extraer sus conclusiones […] Desde el punto de vista matemático, cuanto mayor es la muestram más fiable es la estimación. (p. 201)

5. Preveer la propia impulsividad, comprometiéndonos con antelación:

La tentación es mayor cuando la tenemos delante, así que saldremos mejor parados si somos previsores que si nos dejamos llevar por el impulso del momento (p. 203)

6. No hay que fijar sólo objetivos: también hay que elaborar planes alternativos:

la investigación llevada a cabo por el psicólogo Peter Gollwitzer demuestra que transformando los objetivos en planes de contingencia concretos -del tipo “Si X, entonces Y” (por ejemplo, “Si veo una bolsa de patatas fritas, no le haré ni caso”)- aumentamos notablemente las probabilidades de éxito (p. 203)

7. Intentar no tomar decisiones importantes cuando estemos cansados o tengamos otras cosas en la cabeza:

Si queremos razonar sólo mediante las emociones, adelante; pero si preferimos racionalizar, es importante crear “condiciones ganadoras”, y para las decisiones importantes, esto implica un descanso suficiente y una concentración plena (pp. 203-204)

8. Sopesar siempre los beneficios y los costes:

La gente tiende a hallarse en una actitud de “prevención”, dando más importancia al coste de sus acciones (“Si no voy al concierto, perderé el dinero que gasté en las entradas”), o en una actitud de “promoción”, dando más importancia a los beneficios (“¡Será divertido! ¿Qué más da si mañana llego tarde al trabajo?). Obviamente, un juicio sensato exige sopesar los costes y los beneficios, pero a menos que estemos alerta, nuestro temperamento y nuestro ánimo se interpondrán (p. 204)

9. Imaginemos que nuestras decisiones pueden ser sometidas a inspección:

Hay estudios que demustran que la gente que piensa que tendrá que justificar sus respuestas es más objetiva que la que no (p. 204)

10. Distanciémonos:

Vale la pena reconocer las diferencias entre cómo abordamos el presente y cómo nos planteamos el futuro, e intentar usar y equilibrar los dos tipos de pensamiento -el inmediato y el alejado- para no incurrir en el error de basar las decisiones exclusivamente en lo que se nos pasa por la cabeza al instante (p. 205)

11. Cuidado con lo vívido, lo personal y lo anecdótico:

Quizá nuestros antepasados cuadrúpedo no podían evitar prestar atención a lo que resutaba más vistoso o espectacular; nosotros podemos permitirnos el lujo de destinar un tiempo a la reflexión, y nos conviene aprovecharlo y compensar nuestra vulnerabilidad a lo vívido atribuyendo mayor valor a lo impersonal pero científico (p. 206)

12. Establezcamos preferencias:

Las decisiones tienen un alto coste psicológico e incluso físico, y sería imposible aplazar todas las decisiones hasta disponer de la información completa y el tiempo necesario para reflexionar sobre cada contingencia y alternativa (p. 206)

De hecho, Marcus no nos ofrece 12, sino 13 estrategias, pero la estrategia nº 13 podemos verla no como una estrategia en sí misma, sino como una declaración de principios:

13. Procuremos ser racionales:

Una de las razones más importantes por las que merece la pena esforzarse en ser racional es que así uno, con la práctica, puede inducirse a usar algunas de las otras técnicas que acabo de describir […] Decirse que uno debe ser racional probablemente no baste, pero podría ayudar junto con todo lo demás (p. 207)

Bibliografía:

Marcus, Gary. Kluge: la azarosa construcción de la mente humana.  Barcelona: Ariel, 2010.

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2 pensamientos en “12 estrategias para pensar mejor

  1. Pingback: Kluge: La azarosa construcción de la mente humana de Gary Marcus – Apuntes Breves « Raul Barral Tamayo's Blog

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