Los bebés pueden conocer tus intenciones… por el tono de tu voz

Confieso que me encantan los experimentos con bebés (siempre que se respeten las normas éticas de la experimentación, por supuesto). Y eso por dos motivos:

En primer lugar, son pruebas para el ingenio de los experimentadores, ya que deben diseñar procedimientos experimentales para individuos con los que las posibilidades de una comunicación directa son muy limitadas; en segundo lugar, estos experimentos dicen mucho sobre nuestra naturaleza y sobre el grado en que poseemos capacidades innatas (o aprendidas).

Así que estoy encantado de poder reseñar un estudio reciente, en el que se concluye que los bebés pueden inferir las intenciones de otras personas a partir del tono de su voz cuando realizan determinadas acciones.

El estudio ha sido llevado a cabo por Elena Sakkalou y Merideth Gattis, quienes querían comprobar si los bebés podrían determinar si un adulto pretendía realizar intencionadamente una acción, o si bien por el contrario la acción del adulto fue un error, a partir de las palabras que el adulto profiere al realizar la acción.

Consta de dos partes:

En primer lugar, Sakkalou y Gattis replicaron un experimento anterior que parecía mostrar que los bebés podían utilizar determinadas preferencias para inferir si la acción de un adulto era intencionada o no. De esta manera, 28 bebés de 14 a 18 meses observaron a un experimentador realizar dos acciones con un juguete: una de ellas venía acompañada de la palabra “There”, dando a entender que la acción era intencionada; la otra venía acompañada de la onomatopeya “Whoops”, dando a entender que la acción había sido un error.

Cuando a los bebés se les dio la oportunidad de manejar por sí mismos el juguete, Sakkalou y Gattis observaron que realizaban con más frecuencia la acción que el experimentador había acompañado con la palabra “There”. Justo como si supieran que esa acción había sido realizada deliberadamente por el experimentador, descartando la opción que parecía haber sido un error no intencionado. Y lo que es más importante:

Additional analyses demonstrate that this effect was due neither to facial nor action cues, nor to learning during the study.

En segundo lugar, Sakkalou y Gattis analizaron las preferencias previas de “There” y “Whoops” para hallar sus características diferenciales (tono, fluctuación en el tiempo,…), lo que se conoce como prosodia: la proferencia “There” se caracterizaba por una mayor amplitud, una mayor duración y un tono decreciente; “Whoops” se caracterizaba por un contorno de tono creciente.

El experimento inicial se replicó con 56 bebés más, pero esta vez las proferencias “There” y “Whoops” se intercambiaron por las palabras griegas “Nato” y “Ochi”, y viceversa, pero manteniendo sus mismas características prosódicas. Así pues, las palabras concretas cambiaban, pero gracias a la conservación de sus características prosódicas podían seguir asociándose a acciones intencionadas o accidentales (hay que destacar que los bebés habían sido criados en familias de habla inglesa, por lo que nunca antes habían oído las palabras griegas).

Pues bien: los bebés mayores de 16 meses imitaron aquellas acciones que fueron acompañadas por la palabra que denotaba intención gracias a su prosodia. Por tanto, parece que los bebés podían utilizar la manera en que eran pronunciadas las palabras para inferir qué acciones eran intencionadas, y cuáles accidentales.

Es importante que los bebés menores de 16 meses no mostraron esta tendencia. Así pues, la habilidad para inferir intenciones a través de la prosodia podría adquirirse de una manera gradual. Como dicen las autoras:

Our age-related results are consistent with recent findings demonstrating a developmental progression in infants’ ability to differentiate between purposeful and non-purposeful mental states. Infants first begin to show an understanding of mental states, such as simple goals and intentions, and imitate according to this understanding from approximately 12 months of age, but it is not until later in the second year that they demonstrate an understanding of the distinction between accidental and purposeful behavior, as measured by imitation

Un bello estudio, que es importante porque nos muestra cómo los bebés se van introduciendo progresivamente en el mundo de la comunicación y porque, como nos dicen Sakkalou y Gattis en la introducción:

Recent advances in nonverbal methods have yielded evidence for some aspects of mental state understanding in infants as young as 9 months […]. However, we still understand little about how infants begin to attribute mental states, such as intentions, desires, and beliefs, to others.

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2 pensamientos en “Los bebés pueden conocer tus intenciones… por el tono de tu voz

  1. Muy interesante! Desconocía este experimento y la edad a la que los niños con desarrollo típico empiezan a adquirir esta habilidad. Trabajo con niños con autismo y me impresiona día a día, la ausencia de esta habilidad para interpretar las intenciones a través de la prosodia.

    • Hola Esther:

      La verdad es que, como decía en el post, los estudios con bebés me fascinan, porque nos muestran el camino que sigue el desarrollo de muchas de nuestras habilidades, y lo importantes que serán muchas de ellas en nuestra vida adulta. Y esa importancia queda de relieve cuando comparamos esas habilidades con otras personas que, por desgracia, no las poseen, siendo el caso de los niños con autismo el más relevante. Así que enhorabuena por tu gran labor, y por tu estupendo blog.

      Muchas gracias por tu comentario, y un saludo.

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