¿Se pueden corregir las creencias de las que estamos seguros?

Solemos pensar que aquellas creencias de las cuáles estamos más seguros son más difíciles de modificar, aunque en realidad sean erróneas. Pero no es éste siempre el caso: existe cierta evidencia que muestra que cuanto más seguros estamos de la validez de una creencia (aunque en realidad sea errónea), más fácil es modificar esa creencia: es el llamado the hypercorrection effect (THE).

Lo cierto es que el THE va en contra de nuestras intuiciones y de la mayoría de nuestras experiencias diarias. Así que es razonable que nos preguntemos sobre la fuerza del THE: ¿es éste un fenómeno de una única dirección, en el que la creencia se corrige y se almacena en la memoria de forma definitiva?, ¿puede ser que la creencia errónea vuelva a aparecer con el tiempo, desplazando a la creencia correcta?

Esto es lo que se propusieron averiguar Andrew C. Butler, Lisa K. Fazio y Elizabeth J. Marsh en un artículo publicado el año pasado.

Para ello, los experimentadores utilizaron a 50 estudiantes de la Universidad de Duke, a los que proporcionaron en un ordenador 120 preguntas de conocimiento general sobre ciencia (por ejemplo: ¿Qué almacenan los camellos en la joroba?, o ¿Cuántos cromosomas poseen los humanos?). La respuesta a las preguntas consistía en una palabra o en una frase corta.

Los estudiantes debían contestar a las preguntas, indicando además cuál era su grado de confianza en su respuesta, desde 1 (seguro que incorrecta) a 7 (seguro que correcta). Tras contestar cada pregunta, a los estudiantes se les proporcionaba feddback sobre su actuación: se les mostraba la respuesta correcta a la pregunta, tanto si los estudiantes la habían acertado como si no, durante 6 segundos.

Lo interesante del estudio es que los 50 estudiantes fueron separados al azar en dos grupos nada más llegar al laboratorio. Uno de esos grupos repetiría el test de las 120 preguntas 6 minutos después de su primera actuación; el otro, en cambio, repetiría el test una semana más tarde.

Los investigadores, al analizar los resultados, pudieron comprobar la presencia de THE: cuanta más confianza tenían los estudiantes en respuestas que se revelaron como incorrectas, más probabilidades había de que la creencia errónea se corrigiera.

No obstante, también pudieron comprobar que la tasa de creencias erróneas corregidas sufrió una disminución significativa en el grupo que fue reexaminado una semana más tarde (de 0,86 a 0,56, un porcentaje que prácticamente indica azar). En definitiva: los sujetos habían olvidado muchas de las respuestas correctas, y vuelto a sus errores iniciales, en siete días.

¿Qué explica este fenómeno? Los autores citan una teoría de R.A. Bjork y E.L. Bjork que podría dar cuenta de estos hechos: la “theory of disuse”.

Según esta teoría, las representaciones mentales tendrían una fuerza de almacenamiento (storage strength) y una fuerza de recuperación (retrieval strength): la fuerza de almacenamiento se refiere a lo bien que una información ha sido aprendida, mientras que la fuerza de recuperación refleja la accesibilidad momentánea a esa información. Ambas fuerzas se incrementarían con cada exposición a la información concreta. Pero mientras que la fuerza del almacenamiento nunca se degrada (en condiciones normales), la fuerza de recuperación decrece con el tiempo, debido a la interferencia que provoca la exposición a otras informaciones.

Las creencias de las que estamos muy seguros, pero que son falsas, tendrían fuerzas de almacenamiento y recuperación altas. Proporcionar feedback después de los errores podría reducir la fuerza de recuperación, incrementando esa fuerza de la respuesta correcta. De esta manera, cuando se vuelve a realizar el test, la respuesta correcta tiende a ser recuperada de la memoria más fácilmente.

Por contra, la fuerza de almacenamiento de la respuesta correcta, mostrada tras el error, debería ser más débil que la fuerza de almacenamiento de la creencia errónea, de la cuál estábamos muy seguros, debido a la diferencia en el número de exposiciones a esa información. Como la fuerza de recuperación se degrada con el tiempo, esa diferencia en las fuerzas de almacenamiento hace más probable que la creencia errónea se recupere de nuevo con el paso del tiempo.

Así, dado que la diferencia entre volver a recuperar una creencia errónea, o no hacerlo, podría depender del número de exposiciones a esa información, los investigadores dicen encontrar implicaciones en sus resultados para la comunidad educativa:

Our findings emphasize the need to capitalize on the hypercorrection effect before high-confidence errors return by providing additional opportunities to learn the correct information.

Aunque la muestra del estudio es pequeña, los resultados y recomendaciones de los autores cuadran muy bien con un post que dediqué hace unas semanas a The Debunking Handbook, una especie de mini-guía para la demolición de mitos y creencias erróneas. En ella, entre otros consejos, se recomendaba centrar el aprendizaje en la repetición de las creencias verdaderas, minimizando la exposición a las erróneas, como medio para aumentar su persistencia en la memoria.

Créditos:

Imagen de @boetter

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