Sensemaking distribuido: utilizando la mente de los otros para dar sentido a la web

La cantidad de información que actualmente buscamos en Internet es enorme: desde artículos de referencia, hasta direcciones, pasando por instrucciones sobre cómo realizar determinadas actividades, vídeos, fotografías… El material al que podríamos acceder parece no tener límite.

Pero no sólo nos dedicamos a buscar esa información, sino que además intentamos darle un sentido, intentamos interpretar la información para relacionar los contenidos relevantes para nuestra consulta. Ese proceso de dar sentido a la información recibe en inglés el nombre de sensemaking.

La mayoría de las veces no solemos hacer explícito ese proceso de sensemaking al que sometemos la información, por lo que una vez acabada nuestra actividad, ese esquema se pierde para otras personas que puedan tener necesidades de información parecidas a las nuestras. Pero, ¿qué pasaría si el proceso de sensemaking fuera accesible a otros internautas que no tengan relación entre sí?; ¿sería de utilidad para esas personas y les ayudaría a dar sentido a la información relacionada con su búsqueda?

Eso es lo que se preguntaron un grupo de investigadores de Microsoft Research y de la Carnegie Mellon University, en un estudio presentado en la reciente Conference on Human Factors in Computing Systems, en Austin, Texas, donde se examina el proceso de sensemaking distribuido (distributed sensemaking).

Para estudiar las posibles ventajas del sensemaking distribuido, los investigadores necesitaban una manera de hacer explícito el proceso de sensemaking, y a la que diferentes usuarios pudieran tener acceso. Para ello, se eligió una herramienta muy eficaz: los mapas de conocimiento. En este sentido, un mapa de conocimiento es una representación externa y visual del resultado del proceso de sensemaking aplicado a los resultados de una búsqueda en Internet: cada mapa contiene unos ítems de información, y la manera en que esos ítems están relacionados.

El estudio consiste en dos fases: en la primera fase, se obtuvieron mapas de conocimiento para ser utilizados por los individuos de la segunda fase; en esta segunda fase, se analizó el proceso de sensemaking distribuido bajo diferentes condiciones, monitorizando los movimientos oculares de los sujetos mientras examinaban los mapas de conocimiento. La metodología es densa, así que para no perder ningún detalle veamos las fases por separado.

En la primera fase, los investigadores reclutaron a 12 individuos de la empresa Microsoft para que elaboraran mapas mentales, a partir de los resultados obtenidos gracias a un buscador de uno de los seis temas siguientes:

  • 1. Planificar una viaje de más de un día en un parque nacional
  • 2. Diferentes opciones para cultivar un jardín en nuestra casa
  • 3. Planificar una pequeña gala, con comida y entretenimiento, para nuestro equipo de trabajo (30 personas aprox.)
  • 4. Entretener a nuestros amigos con un fin de semana fuera de la ciudad con actividades turísticas,..
  • 5. Diferentes opciones para presentarse a un evento deportivo local profesional
  • 6. Encontrar recursos sobre cómo remodelar uno mismo la cocina

Tras la búsqueda, los participantes debían realizar capturas de pantalla de los resultados de la búsqueda (pero no de los sitios web en sí) que consideraran relevantes (incluyendo imágenes y vídeo), para incrustarlas en una diapositiva de PowerPoint. El software PowerPoint permitía a los usuarios organizar las capturas de pantalla de una manera muy simple, pudiéndolos conectar con líneas y flechas, añadiendo etiquetas, colores,…, obteniendo así un modelo mental de las relaciones entre los resultados percibidas por los sujetos con poco esfuerzo.

A otros tres sujetos diferentes también se les invitó a realizar una búsqueda sobre uno de los seis temas para elaborar su mapa mental, pero se les pidió que usaran como punto de partida los mapas elaborados por los sujetos anteriores, los cuáles podían modificar tanto como consideraran necesario. Este proceso iterativo fue repetido otras dos veces en otros dos grupos de sujetos, por lo que los mapas mentales finales para cada tema resultaron elaborados por cuatro individuos diferentes y sin contacto entre sí.

En la segunda fase del estudio, se utilizó a 21 participantes, también de la compañía. Los individuos debían elaborar mapas mentales para tres de los temas, pero según tres condiciones:

1. Empezar el mapa mental desde cero (“solo condition”)

2. Utilizar como punto de partida un mapa mental elaborado por otro individuo de la fase uno (“other condition”)

3. Utilizar como punto de partida uno de los mapas mentales finales de la primera fase, esto es, uno de los obtenidos tras las cuatro iteraciones (“iterated condition”)

A los sujetos de las condiciones 2 y 3 se les informó que los mapas que debían utilizar como punto de partida habían sido creados por “otro usuario” (en la condición 2) o por “varios usuarios” (en la condición 3). Al terminar la tarea, los participantes completaron un cuestionario sobre su experiencia.

Posteriormente, a los participantes se les proporcionó dos mapas adicionales de temas diferentes (creados en un caso por un único usuario, y en el otro por varios) pero no se les dijo cuál: la tarea de los individuos era determinar el tema de los mapas mediante su inspección. Mientras los participantes examinaban los mapas para determinar el tema, sus movimientos oculares fueron monitorizados.

Los resultados del estudio se pueden resumir en lo siguiente:

Los autores no pudieron mostrar que el sensemaking distribuido supusiera un ahorro en tiempo y en esfuerzo a la hora de organizar la información. No obstante, los sujetos sí que parecieron apreciar la calidad y la utilidad de los mapas obtenidos tras varias iteraciones: utilizando una escala del 1 (baja calidad) al 7 (alta calidad), los participantes dieron una puntuación más alta a los mapas que habían creado en la condición 3 (“iterated condicition”), seguidos en puntuación por los mapas que habían elaborado desde cero (“solo condition”); en última posición, situaron a los mapas que habían creado en la condición 2 (“other condition”). Así pues, los participantes sintieron que su proceso de sensemaking era mejor cuando utilizaban el contenido ya organizado previamente por otros sujetos.

Este orden de puntuación se reprodujo cuando a los sujetos se les pidió que estimaran cuán útil creían que sería su mapa mental para otro usuario si a éste se le pidiera llevar a cabo la tarea que ellos habían realizado. De nuevo, los participantes consideraron que el mapa más útil para el usuario sería aquel creado a partir de las iteraciones de otros usuarios (“iterated condition”), seguido del mapa creado desde cero (“solo condition”) y finalmente por el mapa creado por otro usuario (“other condition”).

Los investigadores también preguntaron a los participantes por qué consideraban a los mapas como útiles o no: pues bien, en la mayoría de las veces un mapa era considerado útil por su estructura (etiquetas), y no por su contenido (links y grupos de imágenes). Para verificar esta idea, los autores analizaron los datos obtenidos por la monitorización de los movimientos oculares de los sujetos mientras examinaban mapas: en los mapas creados por un único usuario, los sujetos observaron durante más tiempo aspectos relacionados con el contenido en los mapas creados por otro usuario; no obstante, en los mapas creados por diversos usuarios los tiempos de observación para los elementos de estructura y para el contenido no fueron significativamente diferentes. Según los autores, estos resultados paracen implicar que las iteraciones permiten emerger un esquema que estructura el contenido, reduciendo el foco visual en los contenidos concretos (en los links).

Los mapas obtenidos tras varias iteraciones también tenían otra ventaja para los sujetos. A los participantes se les preguntó si consideraban que la relación de los ítems de los mapas era clara: los mapas iterados fueron puntuados como más claros que los mapas creados por un único individuo (“other condition”).

El estudio tiene dos implicaciones interesantes. En primer lugar, parece que los participantes preferían comenzar un mapa desde cero a utilizar un mapa que había sido creado por otra persona. Entonces, ¿cómo sería posible llegar a poseer mapas iterados con esta limitación al comienzo mismo del proceso? Los autores nos mencionan algunas posibilidades:

Approaches to doing so include both machine methods, such as automatic alignment of first-round knowledge maps to produce maps that look more like iterated maps; as well as human methods, such as leveraging paid crowds to bootstrap the system or enforcing constraints such as requiring users to integrate some first-round maps in order to benefit from iterated ones.

En segundo lugar, parece que aunque la utilidad del contenido concreto de cada mapa pueda cambiar entre diversas personas, la estructura del contenido puede permanecer constante y útil. No obstante, en mi opinión los temas elegidos para el estudio son demasiado “procedimentales”, es decir, están enfocados a procesos que se podrían dividir en pasos comprensibles para diferentes individuos en diferentes contextos. Sería por tanto interesante determinar si la utilidad de los mapas se mantendría si consideráramos otro tipo de temas.

Créditos:

Imagen obtenida del blog Design Research

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